El ayuno como terapia y disciplina espirutual

Cuando en el mundo occidental el ayuno en su vertiente espiritual no es más que un recuerdo, con la excepción quizá de alguna orden monástica, conviene recordar que esta disciplina ascética ha formado parte desde siempre de la vida diaria de la humanidad. Y que tiene efectos favorables tanto en el cuerpo como en la mente.

En su larga historia, el ayuno ha sido utilizado siempre con una triple función: purificación física, purificación psíquica y búsqueda de claridad espiritual. Esta disciplina puede tomar varias formas, desde la abstinencia de ciertos alimentos a la privación total de comidas y líquidos.

Además, a menudo se asocia con otras austeridades, tales como la ausencia de relaciones sexuales durante el período de ayuno.

En la Biblia encontramos numerosas referencias al respecto. Los místicos cristianos más conocidos, como santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz o san Francisco de Asís, fueron grandes ayunadores y consideraron esta disciplina como un medio imprescindible para el desarrollo espiritual.

El ayuno

El ayuno se ha practicado durante siglos como preparación de ceremonias y ritos en la práctica totalidad de las tradiciones espirituales de la humanidad.

Hinduismo, budismo, jainismo, judaísmo, cristianismo, islam, confucionismo, taoísmo, tradiciones amerindias y chamánicas cultivan, de una forma u otra, un método consistente en la privación de alimento sólido y/o líquido durante un determinado período de tiempo.

En las tradiciones de tipo chamánico, posiblemente las manifestaciones espirituales más antiguas de la humanidad, aún vigentes en algunas partes del globo, el ayuno ha sido y es practicado entre los chamanes de diversas culturas a lo largo y ancho de toda la geografía del planeta, especialmente como preparación de festividades concretas durante el año y para llevar a cabo rituales de curación o de acceso al “mundo paralelo” al que acuden en búsqueda de la “visión”.

De ella obtendrán el conocimiento válido que les ayude en sus acciones de sanación, física o espiritual, de los individuos de su comunidad.

Los indios de Norteamérica ayunaban con bastante frecuencia con el fin de obtener un guía onírico, un sueño especial o una canción que se les apareciera en el sueño.

Entre los aztecas, el aspirante a teuctli, palabra que designaba el grado más alto de nobleza, hacía rigurosa penitencia durante un año, consistente en ayunar, en la frecuente efusión de sangre y la prohibición de toda relación sexual, además de tolerar con paciencia malos tratos para probar su constancia.

Los datos que poseemos de las primeras civilizaciones de Mesopotamia y Egipto indican que cierta forma de ayuno era una parte importante de la práctica religiosa. Lo mismo ocurría también entre los antiguos persas. En Egipto, los candidatos a la iniciación en los misterios de Isis y Osiris se sometían a una abstinencia total de siete días.

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